
La lectura, esa herramienta básica que debería acompañarnos toda la vida, está en el centro del debate educativo en España. El último informe PISA ha puesto el dedo en la llaga: los jóvenes leen más que nunca, pero entienden menos. Entre 2015 y 2025, el país ha perdido 45 puntos en competencia lectora, un retroceso muy superior a la media de la OCDE, y que ha encendido todas las alarmas. No es solo un problema de cifras, es una cuestión de hábitos, de atención y de cómo la tecnología está remodelando nuestra relación con las palabras.
Frente a este panorama, no todo son malas noticias. Hay quien se ha puesto manos a la obra para revertir la situación. Desde colegios que han rediseñado su jornada para incluir la lectura pausada, hasta programas de voluntariado que acompañan a niños con dificultades, pasando por ayuntamientos que llenan sus bibliotecas de actividades.
La escuela que para el reloj para leer
Un colegio de Barcelona ha convertido la lectura en su seña de identidad. El Aula Escola Europea decidió hace cuatro años parar el centro entero durante media hora cada mediodía. Profesores, alumnos de Infantil y Primaria, y personal no docente bajan a la biblioteca, un espacio que han reformado por completo para que sea acogedor, con cojines, colchonetas y diferentes opciones para sentarse o estirarse. Cada uno elige el libro que quiere, sin obligaciones ni tareas asociadas, y lee a su ritmo. Al terminar, un profesor lee un cuento en voz alta.
“Eliminamos los cinco libros obligatorios que se leían en voz alta”, explica la directora, Laia Pemán. En su lugar, han introducido las “conversaciones literarias”, donde los niños no solo reproducen palabras, sino que profundizan sobre ironías, metáforas y la relación de lo leído con su propia vida. El resultado ha sido un éxito: la biblioteca ha triplicado el préstamo de libros y han mejorado la velocidad y la comprensión lectora.

Voluntarios que tejen redes de apoyo
Mientras unos rediseñan los horarios, otros dedican su tiempo libre a acompañar a quienes más lo necesitan. El programa de Voluntariado CaixaBank movilizó el curso pasado a más de 440 voluntarios que ayudaron a mejorar el rendimiento académico de casi 9.000 niños de entre 9 y 12 años. La mayoría de los pequeños llega a Secundaria sin haber adquirido las competencias lectoras de su edad, un tercio según los datos, y el acompañamiento se centra en libros recomendados para aprender a leer, hacer preguntas y fomentar la comprensión.
Mayte Fernández es una de esas voluntarias, lleva cinco años en León y tiene una historia que contar: la de Aarón, un niño que empezó con ocho años sin saber leer. “Deletreaba, sabía solo las sílabas, pero poco a poco hicimos buenas migas”. Su progreso fue tal que cuando le pidieron hacer un trabajo sobre un libro, eligió el último que habían leído juntos. “Me dijo: Mayte, este libro a mí me gustó, pero a ti te gustó más aún”. Historias como esta demuestran que el vínculo personal es tan importante como la técnica.
En Tarragona y Bilbao, el programa se centra en niños migrantes que deben enfrentarse a dos idiomas nuevos. “Al principio ibamos con discreción, pero al final del año nos conocíamos y hacíamos bromas. Nos volvimos cómplices”, cuenta Mireia, voluntaria en El Vendrell. Manu Delgado, en Bilbao, lo describe como un reto diario de empatía y paciencia, pero también confiesa que la recompensa es enorme: “Cuando salgo de ahí, me da una paz interior que no sé identificar”. La lectura compartida se convierte en un puente que derriba barreras idiomáticas y sociales.
Bibliotecas, clubes y políticas públicas
La respuesta no solo llega desde la escuela o el voluntariado. Las instituciones públicas también mueven ficha. En Eibar, el Ayuntamiento ha abierto la prematrícula para sus clubes de lectura que se reinventan en España 2026-2027, con propuestas que van desde “Cuentos a flor de piel” para niños de 1 a 3 años, hasta un club en euskera para adultos con la participación de escritores. “Queremos que los libros formen parte de la vida de las y los eibarreses desde pequeños”, destaca el alcalde, Jon Iraola.
En el plano autonómico, la consejera de Educación del País Vasco, Begoña Pedrosa, ha reconocido que no esperaba “una bajada tan importante” en comprensión lectora y ha pedido a los colegios que instauren una hora diaria de “lectura pausada”. La consejera insiste en analizar el impacto de las pantallas sin caer en el debate simplista de “pantallas sí o no”. Los datos, no obstante, dibujan un panorama complejo. El ocio digital fuera del aula ha bajado, pero sube el tiempo en redes sociales y cae el uso informativo y creativo de los smartphones. Además, la OCDE señala que la expansión de la IA generativa entre los estudiantes de entornos más favorecidos podría explicar parte de la caída, ya que quienes usan chatbots para resumir textos obtienen peores resultados.
Otro de los hallazgos es que no se trata solo de un problema de Secundaria. La falta de atención se manifiesta desde Primaria, y los alumnos responden rápido y mal justo donde la pregunta les permite salir sin esfuerzo. La distracción con dispositivos, el absentismo y la menor implicación parental son factores que se suman.