
Hay escritores a los que reconocemos por los mundos que inventan. A David Foster Wallace también podemos reconocerlo por su manera de detenerse: ante una explicación demasiado convincente, una diversión obligatoria o una persona que habla sin escuchar. Sus páginas avanzan entre dudas, precisiones y desvíos. A veces provocan una carcajada; otras, la inquietud de descubrir algo propio en un personaje del que preferiríamos mantenernos lejos.
Wallace murió el 12 de septiembre de 2008, a los 46 años, en California. Había nacido en Ithaca, Nueva York, el 21 de febrero de 1962. Novelista, cuentista y ensayista, dejó una obra que sigue ofreciendo preguntas incómodas sobre la dependencia, el deseo y nuestras relaciones con los demás. Fuente biográfica: Harry Ransom Center.

Recordarlo en esta fecha es una invitación a abrir sus libros. A descubrir que detrás de su fama de autor difícil hay un observador extraordinariamente divertido, capaz de convertir un crucero turístico o una oficina de impuestos en materia literaria.
Tres palabras para volver a mirar
En 2005, Wallace pronunció en Kenyon College el discurso que conocemos como Esto es agua. Su punto de partida era una pequeña historia sobre peces que desconocen lo que los rodea. A partir de ella, planteaba la dificultad de advertir lo evidente y de mirar más allá de nuestras propias urgencias. Texto del discurso.
La frase del título funciona también como una invitación a leerlo: detenerse, mirar de nuevo, desconfiar de la primera impresión. En sus libros, un detalle que parecía secundario puede terminar cambiando el sentido de una escena entera.
Tres frases breves, con su contexto
Las siguientes citas proceden del discurso de Kenyon. Se ofrecen en traducción propia del inglés, no como transcripción de una edición española.
«No soy el pez viejo y sabio». Wallace rechaza presentarse como un maestro que posee todas las respuestas. Esa vacilación acerca su voz al oyente.
«Todo el mundo adora algo». El pasaje examina cómo el dinero, el poder o la inteligencia pueden convertirse en criterios absolutos de valor.
«Eso es la verdadera libertad». Se refiere a la atención, la disciplina y el cuidado cotidiano de otras personas, incluso cuando exigen esfuerzo. Fuente de las tres citas.
Cinco libros para descubrir a David Foster Wallace
Los años corresponden a la publicación original de las obras en inglés. La selección reúne novelas, relatos y ensayo para recorrer distintas facetas del autor.

1. La broma infinita
Publicación original: 1996. Género: novela.
Una academia de tenis y un centro de recuperación de adicciones forman parte del universo de esta novela, atravesado por una película que ejerce una atracción devastadora sobre quienes la ven. Wallace entrelaza personajes, historias y extensas notas para explorar la necesidad de placer, el aislamiento y la dificultad de cambiar.
Por qué leerlo: es su gran apuesta narrativa; una lectura que exige tiempo y permite convivir con voces muy diferentes. Su ambición se aprecia tanto en la arquitectura del conjunto como en escenas de vulnerabilidad inesperada.
Para quién: lectores que disfrutan de novelas extensas, estructuras fragmentarias y desafíos formales. Ficha editorial.

2. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
Publicación original de la colección: 1997. Género: ensayo y crónica.
El texto que da título al volumen nace de un viaje en un crucero de lujo por el Caribe. La promesa de descanso se transforma en una observación cómica e incómoda de los rituales del turismo, el servicio y la obligación de disfrutar.
Por qué leerlo: permite conocer al Wallace humorista y reportero. Su mirada también se vuelve contra él mismo: sus expectativas y reacciones forman parte del espectáculo que describe.
Para quién: quienes prefieren empezar con no ficción y disfrutan del humor que deja preguntas después de la risa. Conviene comprobar el índice de la edición elegida: el título también identifica la crónica que da nombre a la colección. Ficha editorial.

3. Entrevistas breves con hombres repulsivos
Publicación original: 1999. Género: relatos.
Entrevistas cuyas preguntas quedan fuera de la página, piezas muy breves y narraciones más extensas componen un libro sobre las dificultades de la intimidad. Sus personajes hablan de deseo, miedo y relaciones personales; en sus explicaciones asoman la manipulación y el autoengaño.
Por qué leerlo: muestra cuánto puede revelar una voz mientras intenta justificarse. También permite descubrir la variedad de recursos con los que Wallace construye sus cuentos.
Para quién: lectores interesados en narradores poco fiables, experimentación y psicología de los personajes. Descripción editorial.

4. Hablemos de langostas
Publicación original: 2005. Género: ensayos y reportajes.
Un festival gastronómico en Maine se convierte en la ocasión para examinar lo que preferimos no preguntarnos acerca de nuestra comida. El volumen amplía su mirada hacia asuntos como las campañas electorales, los medios y la literatura.
Por qué leerlo: Wallace sigue una curiosidad hasta que deja de resultar cómoda. Su capacidad para observar detalles y cuestionar sus propias conclusiones da a estos textos una energía especial.
Para quién: amantes del periodismo literario y de los ensayos que convierten situaciones concretas en preguntas abiertas. Ficha editorial.

5. El rey pálido
Publicación original: 2011. Género: novela inacabada, publicada póstumamente.
Los empleados de una oficina del Servicio de Impuestos Internos estadounidense protagonizan esta exploración de la rutina y el aburrimiento. Michael Pietsch preparó la edición a partir de los materiales que dejó Wallace; su condición inacabada forma parte de la experiencia de lectura.
Por qué leerlo: lleva la curiosidad del escritor a un lugar poco habitual en la ficción: el trabajo repetitivo. Allí encuentra historias personales y posibilidades narrativas que una mirada apresurada podría pasar por alto.
Para quién: quienes ya conocen al autor y desean acercarse a su último gran proyecto. Documentación de la obra y su publicación.
Por dónde empezar
Para una primera aproximación, elegiría Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Quien prefiera los cuentos puede probar con Entrevistas breves con hombres repulsivos. Y quien busque una lectura larga, capaz de ocupar semanas y despertar conversaciones, tiene en La broma infinita una aventura exigente.
Una efeméride puede ser algo más que una fecha recordada. Puede ser el día en que un lector descubre una voz. En el caso de Wallace, esa voz a menudo parece detenerse a mitad de una explicación para añadir otro matiz. Seguirla es aceptar que quizá todavía no habíamos mirado bastante.
La entrada El 12 de septiembre recordamos al autor de La broma infinita: un escritor que encontró en el entretenimiento, la incomodidad y las conversaciones cotidianas una manera de explorar lo que significa estar vivo. aparece primero en El Placer de la Lectura.